Monsieur Fustel

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la table

miércoles, 9 de octubre de 2013

La Presentación






Cuando me conoció, yo estaba distraído. Entonces no podré nunca decir, a ciencia cierta, que es lo que estaba haciendo. Pero seguro me vio, y tengo la perseverante esperanza de que algo en mi le llamó la atención. Era, como ella bien lo dice, un joven imberbe, apasionado y profundamente carnal.

La intensidad superflua de mi encendido y sincero encandilamiento no me permitieron descubrir en seguida la profundidad de su ser. Ambos andábamos lejanos y siempre tan cercanos, ella con él, y yo con ella… otra ella. Y, sin embargo, una tarde de otoño, a las siete y media se me acercó, y me ofreció su risa  y su mirada a cambio de una canción. Pero en ese entonces yo no escribía canciones.


Me presentó su sencilla y gozosa personalidad. No se lo había pedido, pero de haberlo sabido hubiera clamado como niño encaprichado, en la más conspicua de mis soledades. Me presentó, no una, sino dos veces. Verde siempre, su belleza excepcional.






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