Hay
un lugar donde solíamos empezar
A
componer sinfonías
Desordenadas
y consentidas
Decíamos
A, decíamos O,
Pero
casi nunca decíamos I
Hay
una sabana donde solían correr
Como
gacelas en celo
Nuestras
manos y desconsuelos
Donde
las miradas se perdían
Sin
probar alicientes
Hendían
nuestras mentes
Decíamos
U, decíamos Ay
Y a
veces también agradecíamos
Hay
una nube que lleva tu marca
El
olor de tu cuerpo
Impregnado
en sus pampas
No hay comentarios:
Publicar un comentario