De las hojas que caen esta tarde te cuento
Para recitarte lo que se llevan desde la majestuosidad de
las ramas
Hasta la vida dura en el suelo
No fueron expulsadas por el señor árbol que las cobijaba
Es una decisión que la tomó sólo el tiempo
Con la colaboración disimulada del viento
De la audiencia que se conglomera
Al pie de algarrobos, arces y cedros
Para escuchar las últimas sonatas que compone el coro
De sus hermanas alborotadas por el poniente
Antes de que de su canto se desprenda
La inevitable estación de pasar de intérpretes a concurrentes
De blancos sonidos suspendidos
A murmullos crocantes sobre el heno
De la sinfonía silente que orquesta y dirige
El señor céfiro te refiero
Para que no se nos olvide el desprendimiento
Con que por las tardes otoñales, ese patrono
Nos comparte sus arreglos expelidos
Gracias a la interpretación exquisita de los pétalos
Las manos virtuosas de los macizos
Allá en el huerto…
De la calidez de los tonos agrisados
En esta tarde añublada en que salgo a volarte
De la tersura de los campos
Cuando no se oye nada más que nuestros aleteos
Agitados y compañeros
Y de la tibieza que produce ese tímido rayo de sol
Que en la lejanía se avista
Para acompañar la balada de la floresta
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