Monsieur Fustel

Monsieur Fustel
la table

viernes, 16 de agosto de 2013

Revolución

Siempre me consideré un autentico revolucionario.

Entonces me pediste que te besara, a ti y a esos grandiosos labios rojos. Y, comprendí que mi cuerpo había sido, siempre, un sistema de jerarquías, censuras y relaciones impuestas de poder; de discursos que cerraban herméticamente toda capacidad de comprender aquello que está más allá de lo imaginado.

Comenzó la primavera en mi entrepierna. Pero, de hecho, había más profundidad y sentido en aquella subversión. Se formaba un batallón desordenado entre mis poros, y en lo más profundo de mi estomago se gestaba el primer atentado contra toda idea perentoria de lo que se supone es el amor. Y quebraste las fronteras de lo que mi vulgar experiencia me había impuesto. Sabían mis manos que no te tocaban, únicamente, para sentir la suavidad de tus caderas, pero para grabar por siempre la intensidad original de un momento.

No, no actúe de manera señorial. Me entregue a los apetitos, las pasiones e ideales juveniles y subversivas del tacto. Y fue él, el que comandó el asalto más intenso y consentido a mi inocente intimidad. Después de todo hacíamos una alianza intersentimental, en la que la práctica le enseñaba a nuestras discutidas teorías, que no existe mejor sabor que por probada no venga.

Fue la más importante revolución de mis siglos. Cargada por la más ordenada de las rebeldías, la que yo te debía y te cobraba, al calor y potencia de nuestras caricias.  Y me enseñas, desde entonces, cada vez que juntas tus labios y los expones hacia mí, el sentido único e indiscutible, de la revolución permanente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario