Debo confesar que te traicioné
Con la ventana
Con la esbelta ninfa que se asomaba
Detrás de aquel cristal de catedral
Te traicioné
Pero sólo fue con la mirada
Traviesa y permitida
Así actúa siempre, rebelde y alocada
La vi por la rendija
Supe que estaba en la ducha
Y me imaginé como sería
Su esbelta y juvenal figura
La piel humedecida
De sus nalgas ruborizadas
La juventud de sus pechos
Que apenas en sombra
Se me asomaban
Te traicioné con la mirada
Y tal vez también con el deseo
Irrealizable por supuesto
Si consideras el abismo que separa
Su ventana de la mía
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